Asma y Deporte de Montaña – ¿Qué Cuidados debes tener?

Asma y deporte de montaña

Asma y deporte son conceptos que a priori no casan mucho entre sí, pues las personas que padecen esta patología se sienten muy impedidas por sus problemas para realizar ejercicio físico. Sin embargo, los asmáticos no tienen prohibida la práctica de ejercicio físico; de hecho, lo tienen aconsejado, si bien deben seguir una serie de recomendaciones y cuidados que te comento a continuación con detalle.

La práctica de ejercicio físico aeróbico es uno de los sistemas no farmacológicos que más ayudan a controlar el asma y reducir el riesgo de crisis. Muchos deportistas profesionales padecen esta patología y gracias a ese esfuerzo físico regulado han conseguido mejorar su salud general.

¿Puedes hacer deporte si tienes asma?

Sí, no hay ninguna contraindicación generalizada para dejar de practicar ejercicio físico cuando se padece asma, aunque hay que seguir una serie de indicaciones. 

El deporte ayuda a obtener una mejor forma física, un peso saludable y músculos pectorales más trabajados, lo que se traduce en mayor facilidad para respirar. Para las personas asmáticas esto es importante, porque los pulmones funcionarán mejor. 

A nivel emocional el deporte también es interesante, pues el ejercicio hace que el cuerpo segregue endorfinas, una hormona que nos hace sentir más feliz y relajado. Es positivo para mejorar el sueño y ganar en autoestima.

Además, si acudes a deporte en la montaña, en plena naturaleza, más allá de mejorar tu condición física y la respuesta orgánica al asma, estarás contemplando paisajes de gran belleza, algo que también fortalece la salud mental, al igual que lo hace practicar ejercicio físico en compañía.

¿Qué deportes son los más aconsejables cuando se padece asma?

No existe una norma exacta o una recomendación precisa sobre qué actividad física es la más adecuada para practicar cuando se padece asma, pues cada persona tiene sus propias limitaciones y ha aprendido cómo controlar la enfermedad en cualquier circunstancia. No obstante, existen algunas disciplinas más adecuadas que otras.

Ejercicios aeróbicos de intensidad moderada

Caminar con un calentamiento suficiente anterior y posterior a la actividad ayuda a mejorar el control del asma. Junto a caminar se suman todas aquellas modalidades que se puedan realizar de forma relajada, como nadar, practicar yoga o montar en bicicleta.

La natación pasa por ser el deporte más beneficioso, porque habitualmente se realiza en condiciones cálidas y húmedas y es menos probable que se asocie al asma de esfuerzo. No obstante, aquellas personas que nadan en piscinas de interior, cuando se someten a ambientes con mucha concentración de cloro se exponen a ataques de tos que pueden empeorar el asma.

Asma y running son también dos conceptos muy asociados, por tratarse el atletismo de un deporte aeróbico de intensidad moderada. Sin embargo, generalmente nadar es mejor que correr, porque provoca menos presión pectoral y se practica en ambientes húmedos. El único aspecto que valorar es la concentración de cloro.

¿Qué modalidades pueden resultar peligrosas?

No existe ninguna limitación para un asmático siempre que encuentre el equilibrio entre la práctica de deporte y el control de la enfermedad. No obstante, son mejores aquellas modalidades que no requieren un esfuerzo físico muy intenso mantenido durante mucho tiempo.

Los deportes de resistencia, como las carreras de fondo, van a ocasionar más problemas si no hay una buena preparación previa. En la montaña también se dan situaciones de este tipo, especialmente cuando son rutas de ultratrail, montañismo a altas cotas o escalada extrema.

Asma de esfuerzo o asma inducida por el ejercicio

El asma es una enfermedad que afecta a los pulmones y que es más frecuente en niños, aunque los adultos también pueden padecerla. La principal señal de esta dolencia son problemas para respirar, sibilancias y opresión en el pecho, además de episodios repentinos de tos.

Se trata de una patología muy dependiente de la atmósfera o el ambiente que se respira, y se ve impulsada por la humedad, alérgenos como el polvo, el humo del tabaco o la contaminación del aire.

En la naturaleza, especialmente en la montaña, estos procesos están más al margen, pues el aire es más limpio, sin embargo, la altitud sí juega un papel muy relevante pues a medida que se asciende, la temperatura disminuye y el aire al ser más frío es también más seco.

Existe una derivada o variante del asma que es el asma inducida por el ejercicio. En el asma de esfuerzo los síntomas no aparecen durante la práctica de actividad física, algo que suele estar asociado a un mal control de la enfermedad, sino que se presentan de 5 a 15 minutos tras terminar de hacer deporte y desaparecen por sí solos pasados unos 20 minutos.

Esta asma de esfuerzo se puede prevenir con una buena sesión de calentamiento, descanso durante el entrenamiento y medicación específica, siendo lo más habitual los broncodilatadores.

Riesgos del deporte de montaña para un asmático

La idea generalizada hasta hace unos años era que los deportes extremos, como son los de alta montaña o el submarinismo, estaban desaconsejados para las personas asmáticas. Sin embargo, un buen trabajo de prevención y tratamiento adecuadode esta patología permite una introducción más accesible a estas modalidades.

Si ya hablamos solo de salidas a la montaña más livianas, la realidad es que resulta fácil controlar la exposición a riesgos relacionados con esta enfermedad. Como te digo, el principal elemento peligroso en la montaña es la altitud, al que hay que sumar la intensidad.

A partir de los 1.500 metros de altitud, apenas hay ácaros, contaminantes atmosféricos, alérgenos ni hongos. La polinización también es muy reducida, de modo que es un buen ambiente para la presencia de asmáticos. Sin embargo, las bajas temperaturas y la congestión nasal provocada por la rinitis impiden la humificación de ese aire que se respira.

A todo esto, se añade la apariencia muy similar entre un episodio o crisis de asma y el mal de montaña o de altura. En el primer caso acompañan al asma mareos, dolor de cabeza, tos y dificultad respiratoria. En cualquier caso, esta situación no suele ocurrir a menos de 2.400 metros de altura.

Consejos para combinar asma y deporte

La principal recomendación para que una persona asmática no se prive de hacer deporte y salir a la montaña es buscar el equilibrio entre esa práctica y el control de la enfermedad. Hay que estar siempre preparado para cualquier imprevisto y tener a mano el tratamiento de rescate, por si se requiere.

Algunos pacientes necesitan tomar su medicación específica, salbutamol o terbutalina, antes de iniciar la actividad física para prevenir la crisis o incluso durante la práctica del ejercicio. A partir de ahí, es adecuado igualmente consultar con un profesional médico sobre la actividad a realizar para prepararse previamente antes de ejecutarla.

Cuidado con las condiciones meteorológicas

Si la meteorología es extrema, con temperaturas muy bajas o existe una elevada carga ambiental de alérgenos y contaminación, aumentan las opciones de sufrir una crisis de asma. Para el primer caso, la montaña es un espacio libre con aire muy puro, pero sí es posible que la meteorología no responda.

Calentamiento previo y actividad adaptada al rendimiento físico

Antes de practicar ejercicio físico hay que realizar un buen calentamiento con intensidad progresiva que se asemeje a la que se va a experimentar durante la actividad. Finalmente, cuando acabe el paseo por la montaña o la sesión de running, hay que concluir con un descenso gradual, nunca súbito.

Al respirar hay que inhalar el aire por la nariz, para que las fosas nasales favorezcan el calentamiento y la humectación. Cuando se respira por la boca esto no ocurre y puede incidir en más problemas.

Proteger las vías respiratorias

En la montaña, especialmente cuando son situaciones de elevada altitud, hay que proteger la nariz y la boca de las bajas temperaturas. Los pasamontañas o mascarillas especiales son la mejor elección. Del mismo modo, cuando se noten los primeros síntomas de mal de altura o episodio de asma hay que ponerle solución.

Vigilar la alimentación y controlar el esfuerzo

La alimentación es clave para cualquier deportista, pero especialmente en los asmáticos, que deben aumentar su ingesta calórica por cada hora de ejercicio en unas 300 kcal a su alimentación habitual, entre 1.600 y 2.000 kcal. El consumo de agua y bebidas isotónicas es también necesario, de cuatro a cinco litros, en pocas cantidades, pero a menudo, y no a temperaturas muy bajas.

Equiparse con suficiente medicación

El asma suele ir asociada a otras enfermedades, como rinitis o infección respiratoria. Por ello, contar con un botiquín básico de emergencia que incluya la medicación propia del asma junto con un espirómetro de turbina, un pulsioxímetro y una botella portátil de oxígeno es buena idea.  Por otra parte, no es conveniente practicar deporte en la montaña solo, es mejor hacerlo acompañado y comunicar de esta incidencia a los compañeros.

Una visita previa al neumólogo para informarle de la actividad a realizar acabará derivando en buenos consejos de salud.

Asma y deporte pueden ir de la mano y es muy útil unir ambos conceptos, especialmente en la montaña que es un ambiente más libre de alérgenos y contaminantes. Sin embargo, la práctica de ejercicio físico implica siempre una buena preparación física y mental, para no sufrir ningún tipo de incidencia.

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